El reto de una ciudad sostenible

Una neoyorquina cultiva tomates, albahaca y escarola en una terraza de Brooklyn

Construcción, transporte, iluminación y residuos con una gestión más ecológica y económica. Estos son los retos de futuro de las grandes ciudades, que ya acogen el 80 por ciento de la población europea.

En el año 1700, solamente uno de cada diez europeos vivía en una ciudad. En 2014, ocho de cada diez viven en un entorno urbano. Y en 2030 no serán solo los europeos. En todo el mundo, 5.000 millones de personas vivirán en ciudades según ESMAP, la división del Banco Mundial encargada de estudiar la eficiencia energética en las ciudades.
En España se han puesto en marcha en ciudades medidas de ahorro energético, algunas locales y otras de carácter estatal, como el certificado de eficiencia energética y otras impulsadas por la UE para cumplir los llamados compromisos 20-20-20. Eso es, en 2020, los países miembros estarán obligados a reducir en un 20 por ciento sus emisiones y aumentar en el mismo porcentaje su eficiencia energética y uso de energías renovables.
De cualquier modo, que la gran mayoría de españoles viva en una ciudad no representa, de por sí, un lastre. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, en Europa las emisiones y el gasto energético de las personas que viven en una urbe son menores, debido principalmente a un mayor uso del transporte público. Por otro lado, también es donde más margen de mejora hay.

EDIFICIOS MAS EFICIENTES
La construcción es uno de los sectores con una asignatura pendiente si hablamos de las grandes urbes. La Comisión Europea calcula que, de cada cuatro edificios que habrá en 2050, tres ya están construidos. Esto significa que, aunque el sector de la construcción es responsable del 40 por ciento del gasto energético y el 36 por ciento de las emisiones, las principales medidas de ahorro deben enfocarse en convertir los edificios viejos en eficientes. El gasto energético de un edificio depende, por supuesto, de su uso. En los comerciales, el mayor gasto suele ser en iluminación y, en los residenciales, en calefacción.
Los 120.000 habitantes de Reykjavik, la capital de Islandia -considerada por diversos estándares la ciudad más eficiente del mundo- se calientan con energía hidroeléctrica y geotérmica, esta última con poca implantación en nuestro país. En un estudio publicado en “Renewable Energy” en junio, investigadores de la Universidad de Valladolid calcularon el impacto energético que la geotérmica renovable podría tener para nuestro país: 3,2 GW. «Parece poco, pero es el equivalente a tres centrales nucleares», aclaró el ingeniero César Chamorro, uno de los autores del trabajo. Aunque ciudades como Orense y Gerona son de las más audaces en emplearla en sus edificios, este tipo de energía tiene un gran potencial en el resto de Galicia, Cataluña, Castilla y León, Andalucía y el Sistema Central.
En cuanto al consumo de electricidad en los edificios, empresas como Onyx Solar, que fabrica con gran éxito paneles de revestimiento y suelos fotovoltaicos transitables, pueden tener la clave. Leonardo Casado, su director de proyectos de I+D, apuntaba a INNOVA + que, «aunque hace el 90 por ciento de su facturación en el extranjero, Onyx Solar ha hecho grandes proyectos en España», como recubrir con paneles solares el Centro de Investigación Genómica y Oncológica de Granada, que cada año genera para el edificio más de 31.000 kilovatios/hora totalmente limpios.
Pero España tiene además otras vías de ahorro. Por ejemplo, en los ascensores, ya que, de acuerdo con un informe de Credit Suisse hecho público recientemente, el nuestro es el país del mundo con más ascensores, en concreto 19 por cada 1.000 habitantes, casi el doble de la media de Europa Occidental. Los ascensores representan hasta el 7 por ciento del gasto energético de un edificio. «Si el sistema tiene menos de 15 o 20 años, hay un gran potencial de eficiencia energética y fiabilidad simplemente por los avances tecnológicos que ha habido en este tiempo», afirmaba recientemente Bill Lippman, vicepresidente de modernización de la empresa Schindler.

TRANSPORTE MAS LIMPIO
Pero, si hay un sector donde la energía sea relevante, ese es el tráfico. La mayor densidad de población de las ciudades plantea muchas oportunidades para el ahorro en el transporte. Según el INE, en España, ciudades como Barcelona alcanzan los 16.000 habitantes por kilómetro cuadrado, y Madrid, Sevilla y Valencia superan los 5.000. Ninguna de las 25 ciudades más pobladas del país baja de los 500 habitantes por kilómetro cuadrado y prácticamente nadie vive a más de 400 metros de un punto de transporte público, que es la distancia que muchas instituciones internacionales establecen como fundamental para un sistema de transporte público eficiente. ¿Y para el tráfico de coches?
Más allá del carril bici, los vehículos municipales eléctricos y los autobuses de hidrógeno, disciplinas como la inteligencia artificial pueden resolver muchos problemas. En Málaga, Sevilla y Córdoba ya se han empezado a experimentar con semáforos inteligentes que se coordinan en función del nivel de tráfico para reducir los embotellamientos (momento en el que el vehículo gasta más energía y es, por tanto, más ineficiente), siguiendo un algoritmo desarrollado en la Universidad de Málaga por el ingeniero informático Enrique Alba y su equipo. Entre las medidas aconsejadas por la UE, están las de equipar el transporte público con medidores de uso de combustible y sistemas de información de tráfico en tiempo real, para optimizar la combustión.
También quedan medidas sencillas por llevar a cabo. Por ejemplo, en iluminación, sustituyendo las viejas farolas por leds. Las luces de bajo consumo y larga duración, reconocidas este año con el Nobel de Física, son la mayor revolución en iluminación desde la aparición de la bombilla. Duran cuatro veces más, iluminan el triple y reducen la factura eléctrica de un ayuntamiento entre el 30 por ciento y el 70 por ciento. En la localidad albaceteña de Salobre lo han podido comprobar ya. Con la colaboración de Gas Natural, a través de sus programas Ledplus, el municipio y su pedanía ha renovado el alumbrado público con estas luces eficientes, además de instalar sistemas de telegestión punto a punto que han permitido a la localidad reducir en más de un 75 por ciento el consumo energético. Pese a que muchas ciudades españolas ya se han autoproclamado ya “smart cities” -la red española de ciudades inteligentes RECI supera ya la decena-, aún les queda un largo camino para ser eficientes.

 
Fuente: www.elnortedecastilla.es
 
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