En Tucumán hay experiencias en el uso de energías renovables que vale potenciar

Investigadora del Conicet y docente en la UNT, la arquitecta Beatriz Garzón (foto) viene trabajando en un sinfín de iniciativas cuyo eje es “crear un hábitat sustentable”

“Nos urge capitalizar todas las experiencias en energías renovables que se están desarrollando en Tucumán, porque los recursos que usamos para la provisión de energía se están acabando; creo que tanto en la comunidad como a nivel institucional hay una concienciación al respecto”, afirma la arquitecta Beatriz Garzón.

Como docente en la Facultad de Arquitectura de la UNT (cátedra de Acondicionamiento ambiental) y como investigadora ( el “Proyecto de adecuación bioambiental del hábitat popular”, con financiamiento UNT-Conicet y la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación, entre otras tantas iniciativas nacionales e internacionales a las que está asociada), Garzón acumula un sinfín de experiencias de aprovechamiento de las energías renovables en función de un hábitat sustentable.

“Lo tomamos al hábitat desde una visión globalizadora. Y cuando decimos que hablamos de un sistema tecnológico no convencional, en realidad estamos pensando en el aspecto ambiental”, afirma la experta. Y agrega: “Es muy importante el trabajo conjunto entre Estado, comunidad, Universidad y Conicet. Trabajamos con el Ministerio de Desarrollo Social, con el Ministerio de Educación, con el Instituto Provincial de la Vivienda de Tucumán y con el de Chubut; porque cuando se piensa en las mejores soluciones para techos, para paredes, también se están viendo las cuestiones socioambientales de esa comunidad”.

A Garzón se le nota la emoción -se le quiebra la voz- cuando trata de transmitir la intensidad con la que se viven las numerosas experiencias con la comunidad en la que ella viene trabajando desde su especialidad.

“Hay personas y técnicos que trabajan con un gran compromiso. Y con la gente, siempre es una experiencia nueva; porque uno va a resolver determinadas cuestiones que son de hábitat como “pretexto”, pero que involucran cuestiones familiares, sociales, individuales”, afirmó la experta. “Nosotros trabajamos con autocontrucción o con cogestión. Una vez- recordó- hicimos un taller sobre mejoramiento de vivienda, en el que explicábamos cómo organizarse, cómo reutilizar determinadas cosas para mejorar el lugar: y una chica joven, que estaba con su bebé, decía que ella, que hasta ese momento había estado desesperanzada sobre mejorar su casa; pero que desde entonces sintió que ella misma podía mejorar su calidad de vida”.

-¿Es la misma gente la que la mejora a la vivienda?

– Generalmente, nosotros trabajamos con autoconstrucción, o con cogestión. Por ejemplo, en Chubut eran tres familias, que hacían primero una vivienda, y después la otra. Y enTucumán, nuestra primera experiencia fue un centro vecinal en el Barrio Tiro Federal; en las reuniones surgió que los hombres iban a construir y que las mujeres iban a recoger el material a reusar. En las escuelas, donde desarrollamos Unidades para el calentamiento de agua, también nos ha pasado que colaboran tanto los alumnos como los docentes.

– ¿Qué iniciativas están desarrollando ahora en Tucumán?

– Ahora estamos por iniciar en la escuela de Benjamín Paz, en Trancas, la construcción de un módulo sanitario productivo; allí queremos mostrar el uso racional de la energía y de energías renovables; como ellos tienen técnicas agrícola, huertas, también vamos a desarrollar un secadero solar. Cuando hablamos de energías, hablamos de energías renovables; pero, a su vez, hablamos de hacer un uso racional de esas energías. Con el IPV, en el marco del Programa Federal de Integración sociocomunitaria, estamos por desarrollar dos prototipos bioambioentales; uno en Colalao del Valle y otro en Balderrama.

-¿En qué consisten?

– Lo que hacemos es transferir el prototipo y la asistencia técnica de un modelo con estas características: le llamamos prototipo bioambiental porque es tecnología de la zona; en tierra, con sus condiciones sismorresistentes adecuadas, con madera de la zona, con aprovechamiento de la energía solar para calentar el agua y para calefaccionar. La idea es hacer una primera experiencia, para después replicarla. Una vivienda bioambiental es una vivienda adecuada al sitio; a los recursos de la zona; y no sólo a los recursos materiales, sino también a los recursos humanos, a la impronta cultural de la zona, a recuperar las técnicas tradicionales.

-¿Qué se gana utilizando esas técnicas?

– La gente entiende la importancia del consumo de energía para calentarse, cocinar e higienizarse. Pensemos que entre un 50 y un 70% de la población mundial – y el 25% de la población de Tucumán- consume leña como combustible; o sea, la máxima contaminación y el mínimo rendimiento. Y si comparamos el consumo energético en la producción de materiales, veamos, por ejemplo, que la energía para la fabricación de 300 adobes equivale a la que se usa para fabricar un bloque de hormigón; y la energía para la fabricación de ladrillos de suelo-cemento es cuatro veces menor que la necesaria para la fabricación de ladrillos huecos cerámicos.

– Pero en la Argentina parece que no hay conciencia todavía sobre la importancia de la preservación ambiental…. por ahora, parece algo sofisticado, de un grupo de locos….

– Creo que ahora se ha avanzado al respecto; y no hay que verlo como un capricho de un grupo de loquitos especialistas; creo que es también un problema de concienciación; de difusión, y por una cuestión demostrativa, de ir mostrándole a la gente, con ejemplos puntuales, cómo se puede ahorrar energía, y de bajarle estas cuestiones a la sociedad: pasa que estamos acostumbrados a derrochar; y tenemos una visión muy individualista. Pensamos: soy yo solo el que gasta. Pero si pensamos que somos millones, ahí la cosa cambia.

Fuente: www.lagaceta.com.ar

Advertisements

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *