En un barrio de Bogotá la luz solar llega en botellas

Andaban en la penumbra. Era común verlos con una linterna en la mano intentando sortear las escaleras que de por sí ya eran difíciles. Hechas de barro y cemento, los resbalones eran parte de la vida diaria de cerca de cuatro mil residentes del barrio El Mirador, en la localidad de Usaquén, nororiente de Bogotá en Colombia.

Sin embargo, hace poco, la luz llegó a sus callejones en forma de botellas de plástico. Atrás quedaron los años que pasaron en la oscuridad y el temor que infundía en ellos subir esas escalinatas que se pierden entre las montañas de los cerros orientales de la ciudad.
“Llevaba más de seis años sin luz. Cuando salía a comprar lo del diario me tocaba antes de las 7 de la noche, porque ya después no solo era peligroso por la oscuridad, sino por el terreno”, cuenta uno de los residentes de la zona.
Ahora, teniendo como fondo pequeños puntos lumínicos que como pesebre rodean a Bogotá y que por su vista el barrio recibió el nombre de El Mirador, los habitantes de ese sector disfrutan de los nuevos postes de luz, que fueron instalados por ellos mismos en un trabajo mancomunado con una petrolera y la Fundación ‘Litros de Luz’.
“Se sembraron los palos y se unieron con un tubo de PVC que tiene una especie de T. De allí sale la botella plástica y en la parte superior tiene el panel solar”, asegura Orlando, quien enruanado, por el frío que hace en el lugar, camina tranquilo hacia sectores más alejados, antes fronteras invisibles por su peligrosidad amparada en la oscuridad.
Para transportar e instalar los postes, se necesitaron cerca de cien personas entre residentes del lugar y voluntarios.
El nuevo sistema de alumbrado público, que consta de 50 postes de luz con madera, tubos de PVC, paneles solares y una lámina led, no genera ningún costo y tiene una vida útil de 70.000 horas libres de mantenimiento. El proyecto es cien por ciento autosostenible. En el día el panel solar se carga para después brindar luz durante toda la noche.
Orlando ya no saca su linterna, ya no la necesita. Al amanecer los estudiantes y trabajadores, que por la lejanía del lugar deben salir antes de las 5 de la mañana, ya no temen. Un camino de luz ecológica acompaña su recorrido.

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