Un gramo de batería de litio cuesta mucho más que una tonelada de soja

 

El laboratorio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) trabaja en la primera batería de litio argentina, está a cargo de Arnaldo Visintin, uno de los químicos que empujan este sueño ecologista y latinoamericano. “Al litio lo estamos regalando como piedra”, advierte el científico del Conicet.

Arnaldo Visintin es doctor en Ciencias Químicas con orientación en Tecnología Química e investigador del Conicet, y se define como ecologista. Trabaja en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (el Inifta), el viejo edificio platense de diagonal 113 y 64 donde tiene un despacho con mucha luz, equipamiento de última generación y un sueño: que Argentina fabrique baterías de litio y que el uso de los combustibles fósiles se vaya reemplazando por nuevas energías. Esto, además de permitir ahorrar mucho dinero, generaría puestos de trabajo y contribuiría al cuidado del medio ambiente, plantea el científico. Parece una utopía, pero según el científico, “estamos a un paso”.

Aldo, como lo llaman todos, tiene perfil bajo; no le gusta mucho el protocolo ni hablar de sí mismo pero profundizó en las características y potencias del litio -un metal blando que algunos llaman “el oro del siglo XXI” y hoy se aplica, entre otras cosas, en la fabricación de baterías para autos eléctricos, computadoras portátiles, celulares, aleaciones de aluminio, cerámicas, lubricantes y medicamentos.

El litio está a tres o cuatro mil metros de altura, depositado en salinas, producto de procesos volcánicos, diluido y mezclado con otras sales, explica Aldo Visintin. “De acuerdo con el Centro de Estadísticas Geológicas de Estados Unidos, la mayor reserva se encuentra en el salar de Uyuni, Bolivia, la cual posee 100 millones de toneladas. Le sigue el salar de Atacama, Chile, con el 29% de los depósitos, y finalmente Argentina (en Jujuy, Salta y Catamarca), con 11 millones de toneladas métricas, la mayoría de las cuales se exportan a China, Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Rusa, Japón y Holanda, que lo usan en la construcción de objetos que usamos en la cotidianeidad”.

-¿Cómo se lo extrae?

Se saca con bombas, y a esa sopa de sales se la deposita en piletones durante tres meses para que se evapore naturalmente. Luego vienen una serie de procesos químicos para separar al cloruro de litio de lo demás.

-¿Nuestro país tiene infraestructura y recursos humanos para esto?

Dado que Inifta es un instituto con una trayectoria de 70 años, ya hay un grupo de profesionales formados. Primero recibimos de la UNLP un subsidio de $60.000, el primero que se invirtió en esta temática. Así empezamos a hacer experimentos gracias al convenio con la República Checa, donde nos enseñaron mucho. En sólo un año montamos un laboratorio que fue el primero de Argentina y mostramos los primeros resultados. En 2010, el ministro Lino Barañao, nos convocó a una reunión en Jujuy, y desde entonces no paramos.

-¿Se ha podido articular con los gobiernos de las provincias donde hay litio?

Hay diferencias. Por ejemplo, en Catamarca, a pesar de que hace cinco años que estamos formando el laboratorio con una profesional formada en La Plata, la gobernadora nunca nos recibió y le dio la concesión del salar a Toyota, que tampoco lo está explotando, sino que lo tiene guardadito para el futuro. En Jujuy, el ex gobernador Fellner tomó la iniciativa de producir litio y hacer tecnología, y son los que están más adelantados. Allí también está Toyota con parte de la concesión, pero nos garantizaron la provisión de litio puro para las baterías. Es notable cómo muchos de nuestros ingenieros, que se forman gratis en las universidades, al ser contratados por empresas privadas se creen los dueños de todo y no te dejan entrar. Cuando se les pide que nos dejen ver cómo hacen sus procesos o que hagamos un convenio, te contestan que no. Pero bueno, ese es el ser humano. Por eso tiene que haber un gobierno que regule y ponga límites.

Un núcleo latinoamericano especializado en baterías

-¿Qué significaría avanzar en esta materia para países como el nuestro?

Como soy ecologista creo que cada país pobre de América Latina tiene que producir su propia energía, porque si continuamos trayendo todo de China nos empobrecemos y nos perjudicamos. Pensemos que estamos a miles de kilómetros y usamos combustibles fósiles para poder traer esa tecnología. Cada país tiene que producir sus molinos eólicos, paneles solares y baterías, aunque sea para no gastar en traerlos en barco. De paso se le da trabajo a la gente y mejora la calidad de vida. Yo creo que el camino es demostrar que sabemos hacer cosas de impacto social.

-¿Cuál es la situación actual en Argentina respecto del manejo de la materia prima?

Hasta ahora, el litio purificado se va casi todo a Canadá a través de una empresa que está en Catamarca. Si yo quiero comprar un gramo de litio para hacer investigación no me lo venden. Por eso estábamos tratando de crear la fábrica estatal en Jujuy, que iba a ser de Y-TEC: una empresa de tecnología creada en 2013 por YPF (51%) y Conicet (49%), cuya misión es brindar soluciones tecnológicas al sector energético y formar especialistas para el desarrollo de la industria de la región. Espero que podamos continuar. Estamos hablando de futuro para nuestros hijos. Esto no es para las fotos, es a largo plazo.

-¿El planeta se quedará sin petróleo algún día?

Hace 20 años estamos hablando de eso y evidentemente algún día sucederá, pero como siempre se encuentran yacimientos nuevos, seguimos viviendo de la industria del petróleo. A mi entender eso es muy negativo porque produce CO2, que es el dióxido de carbono que generan los combustibles fósiles y provoca el efecto invernadero. Eso va a la atmósfera, genera una especie de paraguas donde los rayos solares se reflejan y aumenta la temperatura del planeta. Por eso se derriten los hielos, crecen los mares y se produce el cambio climático que ya estamos viendo.

-Supongamos que nos quedáramos sin combustibles hoy…

Si hoy ocurriese podríamos vivir ya de energías renovables como la solar, eólica o mareomotriz. O sea que mientras haya sol y viento producís energía eléctrica y no quemás carbono. Esto ya se conoce en todo el mundo y por ejemplo en Alemania, el 30% de la energía que se consume es eólica.

-¿Y si no hay sol ni viento, o su intensidad no es suficiente para generar energía?

Por eso se necesita almacenar la energía. Una de las alternativas de almacenamiento son las baterías de litio, que tienen capacidades muy altas comparadas con otras. Cuando hay mucha cantidad de sol o viento estás cargando pilas y cuando no hay, usas la energía de la pila. Es lo que aún se hace en el campo con molinos de viento: se cargan las baterías de plomo ácido y de noche pueden prender la luz y hasta mirar televisión con la energía que almacenaron.

-¿Qué impide que países como el nuestro avancen en este tipo de proyectos?

Estamos indefensos ante una política internacional a la que no le conviene nuestro progreso. Nosotros tenemos que producir soja, no baterías. Al litio lo estamos regalando como piedra. De los tres países que más litio tienen en el mundo, Bolivia, Chile y Argentina, ninguno produce baterías. Salvo Bolivia -porque Evo no quiere-, Argentina y Chile mandan el litio a China, Corea, Japón o Estados Unidos. Mientras tanto, las baterías que nos llegan de China son de baja calidad y no podemos competir en un libre mercado con ellos porque tienen el monopolio y las venden a precio de costo para que nadie las fabrique. Por eso, si no hay un gobierno que defienda estas iniciativas, vamos a seguir comprando todo afuera y regalando el litio. Un gramo de batería de litio cuesta mucho más que una tonelada de soja. Además si las hacemos acá, nuestros hijos van a trabajar en fábricas con mano de obra especializada y habrá recursos para hacer desarrollo en los laboratorios de nuestras universidades. De lo contrario, seguiremos con el esquema donde unos pocos que cosechan, las universidades se dedican a cosas que al país no le interesan y nuestros expertos trabajan para ellos.

-¿Cómo ha sido la articulación con Bolivia, el país que más litio tiene?

En este instituto sabíamos lo del litio porque nos enterábamos en los congresos internacionales. Tenemos un convenio con un país que tiene mucha tecnología -a pesar de que no es muy conocido y no es rico-, que es la República Checa. Junto a la Universidad de Córdoba (FAMAF), presentamos un proyecto que preveía una inversión de un millón de dólares que obtuvimos, por parte del Fondo de Cooperación Internacional en Ciencia y Tecnología (FONCYT) y armamos los laboratorios en Córdoba y La Plata. Del INIFTA-UNLP salieron expertos de toda Latinoamérica en el área de fisicoquímica. La diferencia con Bolivia es que ellos no tienen recursos humanos, por eso nace la interacción y estamos tratando de formar un núcleo latinoamericano especializado en baterías. 

-¿Cuáles son sus perspectivas?

Yo sigo trabajando en la universidad y el CONICET porque con Y-TEC, que es el brazo tecnológico, estamos a un paso de tener una fábrica de la misma calidad que las americanas y europeas, y podríamos trabajar en colaboración con Bolivia y Chile. Todas las fábricas de autos del mundo están hablando de autos eléctricos y están pensando en fabricar las baterías en Europa, pero si avanzamos, a lo mejor los convencemos de que las hagan acá.

 

 

Fuente: www.exactas.unlp.edu.ar

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